Comienzo unas entradas dedicadas a aquellos grupos minoritarios, que intentan mantener vivas las distintas lenguas españolas y su música, con instrumentos que han perdurado a lo largo de los siglos, y que presentan rasgos diferenciadores en cada región.
En este video, el grupo asturiano "Brenga Astur" interpreta de forma muy bella una nana popular asturiana. Esta canción ha sido versionada por otros grupos, como Felpeyu (de forma instrumental) y por el grupo heavy-rock Avalanch.
La letra es sobrecogedora y la música también.
A disfrutar.
Duérmete fiu del alma que vela to sueñu
palombina de blancu que nun tien aleru
Si viviera to padre que yera tan güenu
collarinos de plata pusierate al cuellu
Agora non
agora non mio neñu
agora non
Y el que llame a la puerta que venga mañana
porque el padre del neñu morrió en la montaña
Pensamientos tan tristes marchaivos agora
que nun puede dormise el neñu que llora
Agora non
agora non mio neñu
agora non
domingo, 13 de mayo de 2012
lunes, 23 de abril de 2012
La madre que soy y la que quiero ser
Nací mujer, crecí mujer y como mujer me relacioné con mis semejantes. Pero no me convertí en mujer hasta que nació mi primera hija. En ese momento, mi cuerpo comenzó a dedicarse a lo que para siempre había estado preparado: mis pechos se tornaron redondos y plenos, como la luna llena, para nutrir y dar calor y amor incondicional. Mi atención y esfuerzos dirigidos al pequeño ser, a sus necesidades y su bienestar. Y en ese momento, dejé de ser yo para ser "yo con alguien".
Ese alguien que me acompañará para toda la vida, y por cuya sonrisa muero y cuyas lágrimas reflejan el llanto de mi propio corazón.
Y crece cada día. Y comienzan las contradicciones. Los aprendizajes y miedos de toda una vida que llevo a la chepa y que pesan cada día más cuando la miro y me topo con mis propios miedos e inquietudes. "No hagas esto", "ten cuidado con lo otro", "no subas ahí", "no digas eso", "no llores"... Pero ella es ella, y yo soy yo. No puedo vivir su vida, sólo enseñarle el camino. Pero, el camino que le enseño, ¿es el suyo propio? ¿o ni siquiera puedo enseñarle el camino, tan sólo acompañarle?
Es un espíritu libre como el viento, plena de potenciales.
No quiero pagar mis frustraciones con ella. No quiero determinar su personalidad, ni su autoestima. No deseo ser una figura severa ni tampoco lábil como un junco. Deseo ser un instrumento para que alcance su felicidad, para apoyarla en sus decisiones, para que se convierta en una mujer fuerte, empoderada y segura de sí misma.
Pero... ¿cómo?
Hay algo que siempre puedo hacer, y es darle amor. Ese amor visceral que se gestó en mi útero y cuyo cordón dejó una huella en su ombligo para siempre. Amor incondicional para éxitos y errores, para cosas que me gustan y cosas que no. Para llorar o reír.
Otra cosa que puedo hacer es respetar sus horas, sus necesidades. Y estar ahí cuando me llame. Y compartir su tiempo, sus juegos, sus motivaciones y su aprendizaje. Pero sin culpar, chantajear ni herir. Porque ella es ella y yo soy yo. Un sólo cordón pero dos corazones, cada uno en su momento espacio-temporal.
Espero que la vida me guíe y me de sabiduría para hacer lo correcto, como mi madre a mí y mi abuela a mi madre.
Espero ser la madre que soy.
Ese alguien que me acompañará para toda la vida, y por cuya sonrisa muero y cuyas lágrimas reflejan el llanto de mi propio corazón.
Y crece cada día. Y comienzan las contradicciones. Los aprendizajes y miedos de toda una vida que llevo a la chepa y que pesan cada día más cuando la miro y me topo con mis propios miedos e inquietudes. "No hagas esto", "ten cuidado con lo otro", "no subas ahí", "no digas eso", "no llores"... Pero ella es ella, y yo soy yo. No puedo vivir su vida, sólo enseñarle el camino. Pero, el camino que le enseño, ¿es el suyo propio? ¿o ni siquiera puedo enseñarle el camino, tan sólo acompañarle?
Es un espíritu libre como el viento, plena de potenciales.
No quiero pagar mis frustraciones con ella. No quiero determinar su personalidad, ni su autoestima. No deseo ser una figura severa ni tampoco lábil como un junco. Deseo ser un instrumento para que alcance su felicidad, para apoyarla en sus decisiones, para que se convierta en una mujer fuerte, empoderada y segura de sí misma.
Pero... ¿cómo?
Hay algo que siempre puedo hacer, y es darle amor. Ese amor visceral que se gestó en mi útero y cuyo cordón dejó una huella en su ombligo para siempre. Amor incondicional para éxitos y errores, para cosas que me gustan y cosas que no. Para llorar o reír.
Otra cosa que puedo hacer es respetar sus horas, sus necesidades. Y estar ahí cuando me llame. Y compartir su tiempo, sus juegos, sus motivaciones y su aprendizaje. Pero sin culpar, chantajear ni herir. Porque ella es ella y yo soy yo. Un sólo cordón pero dos corazones, cada uno en su momento espacio-temporal.
Espero que la vida me guíe y me de sabiduría para hacer lo correcto, como mi madre a mí y mi abuela a mi madre.
Espero ser la madre que soy.
martes, 20 de marzo de 2012
A vueltas con el pan (2)
Una vez lista la Masa Madre, es hora de meterse en harina.
Yo utilicé esta receta: Dos medidas de harina de fuerza por una de Masa Madre. Una cucharada de sal y una de azúcar (el azúcar "alimenta" a las levaduras y da al pan un sabor delicioso). Y agua, que añadiremos lentamente hasta alcanzar una textura elástica. Es mejor ser cautos con el agua e ir corrigiendo con la misma, que pasarse de harina y luego tener que echar mucha más agua, ya que nuestra base de medida esa la Madre.
2. Amasado
Mi amigo Alfonso, que ha hecho un curso de elaboración de pan, me dijo que en el curso incidían que lo mejor era amasar el pan durante 15 minutos, hasta que queda una masa consistente, que no se pega a las manos, y repetir el amasado a la mitad de la fermentación. Mi primer pan lo hice como él me dijo, y no sé si por eso o porque usé exclusivamente harina de trigo integral, me quedó un poco mazacote, tipo "lembas".
En el segundo pan, utilicé la técnica de amasado de Dan Lepard, como indica Iban en su web : http://tequedasacenar.com/como-hacer-pan-con-masa-madrecomo-hacer-pan-23/
Consiste en amasados cortos de unos 10 segundos, estirando y plegando. Este ciclo se repite 3-4 veces cada 10 minutos. Queda una masa bastante fácil de manejar y ya no se pega a las manos.
3. Fermentación
Después del amasado, se deja la masa en un bol, tapada con un trapo, durante unas 4 horas, a temperatura ambiente. El tiempo de fermentación depende tanto de la harina, como del calorcito que haga en nuestra cocina. A mí me tardó unas 4 horas en subir.
A las 4 horas, la masa ha doblado su volumen, y tiene un aspecto muy esponjoso y elástico. Es el momento de darle forma.
Para ello, se pone harina en la superficie de trabajo y se echa la masa sobre ella, para que simplemente coja algo de harina por encima y no se pegue. Tras esto, se le da forma de bollo o bola, manejando la masa con mucho amor.
Una vez tomada la forma de bola, se deja reposar otras 4 horas en un bol al que previamente le hemos colocado un trapo de lino o paño con harina espolvoreada, para que no pierda la forma y se convierta en una torta.
Pasadas de nuevo estas 4 horas, la masa está enorme, esponjosa.
Cogemos entonces la bandeja del horno y la recubrimos con un papel parafinado de hornear. Después, literalmente damos la vuelta al bol para que nuestra bullosa masa se deposite sobre la bandeja sin perder la forma. En este momento, ya podemos hornear.
Previamente, es recomendable hacer un corte en la superficie del pan, para que al hornearse se abra por ahí, y no se rompa nuestra hogaza.
4. Horneado
Se calienta el horno previamente a tope (240ºC) durante 10 minutos. Después, se mete el pan en el horno. Los primeros 15 minutos son muy importantes, porque en ellos la masa aumenta de tamaño, hasta adquirir su tamaño definitivo.
Se deja a fuego fuerte y se baja después hasta 220ºC, durante unos 50 minutos en total, de manera que la corteza esté tostada y el bajo también. Al hacerlo sonar, debe sonar a hueco.
Y este fue mi tercer resultado:
Yo utilicé esta receta: Dos medidas de harina de fuerza por una de Masa Madre. Una cucharada de sal y una de azúcar (el azúcar "alimenta" a las levaduras y da al pan un sabor delicioso). Y agua, que añadiremos lentamente hasta alcanzar una textura elástica. Es mejor ser cautos con el agua e ir corrigiendo con la misma, que pasarse de harina y luego tener que echar mucha más agua, ya que nuestra base de medida esa la Madre.
2. Amasado
Mi amigo Alfonso, que ha hecho un curso de elaboración de pan, me dijo que en el curso incidían que lo mejor era amasar el pan durante 15 minutos, hasta que queda una masa consistente, que no se pega a las manos, y repetir el amasado a la mitad de la fermentación. Mi primer pan lo hice como él me dijo, y no sé si por eso o porque usé exclusivamente harina de trigo integral, me quedó un poco mazacote, tipo "lembas".
En el segundo pan, utilicé la técnica de amasado de Dan Lepard, como indica Iban en su web : http://tequedasacenar.com/como-hacer-pan-con-masa-madrecomo-hacer-pan-23/
Consiste en amasados cortos de unos 10 segundos, estirando y plegando. Este ciclo se repite 3-4 veces cada 10 minutos. Queda una masa bastante fácil de manejar y ya no se pega a las manos.
3. Fermentación
Después del amasado, se deja la masa en un bol, tapada con un trapo, durante unas 4 horas, a temperatura ambiente. El tiempo de fermentación depende tanto de la harina, como del calorcito que haga en nuestra cocina. A mí me tardó unas 4 horas en subir.
A las 4 horas, la masa ha doblado su volumen, y tiene un aspecto muy esponjoso y elástico. Es el momento de darle forma.
Para ello, se pone harina en la superficie de trabajo y se echa la masa sobre ella, para que simplemente coja algo de harina por encima y no se pegue. Tras esto, se le da forma de bollo o bola, manejando la masa con mucho amor.
Una vez tomada la forma de bola, se deja reposar otras 4 horas en un bol al que previamente le hemos colocado un trapo de lino o paño con harina espolvoreada, para que no pierda la forma y se convierta en una torta.
Pasadas de nuevo estas 4 horas, la masa está enorme, esponjosa.
Cogemos entonces la bandeja del horno y la recubrimos con un papel parafinado de hornear. Después, literalmente damos la vuelta al bol para que nuestra bullosa masa se deposite sobre la bandeja sin perder la forma. En este momento, ya podemos hornear.
Previamente, es recomendable hacer un corte en la superficie del pan, para que al hornearse se abra por ahí, y no se rompa nuestra hogaza.
4. Horneado
Se calienta el horno previamente a tope (240ºC) durante 10 minutos. Después, se mete el pan en el horno. Los primeros 15 minutos son muy importantes, porque en ellos la masa aumenta de tamaño, hasta adquirir su tamaño definitivo.
Se deja a fuego fuerte y se baja después hasta 220ºC, durante unos 50 minutos en total, de manera que la corteza esté tostada y el bajo también. Al hacerlo sonar, debe sonar a hueco.
Y este fue mi tercer resultado:
Guapo, ¿no?
Os dejo los links que he encontrado y utilizado:
Que lo disfrutéis. Contadme vuestras experiencias :D
miércoles, 14 de marzo de 2012
A vueltas con el pan
Hace unos meses tuve la suerte de conocer a Maestra Gaia, vecina serrana. Ella me contó cómo hacía pan. sin ingredientes artificiales. Desde entonces, el concepto de "pan" le había cambiado.
Entré en su blog, y en concreto la entrada sobre elaboración de pan casero:
Y cogí varias ideas.
Así que me decidí, ni corta ni perezosa, a realizar mi propio pan casero.
1. La Masa Madre.
La Madre de todas las masas. El origen del pan. Se dice que el pan fermentado fue descubierto por casualidad al dejar al sol harina durante varios días, y cerquita del fuego durante las frías noches. Las levaduras que se encuentran de forma natural en las cáscaras del cereal encuentran en la harina, agua y el calorcito, el sustrato ideal para reproducirse y generar, durante su desarrollo, gas, que hace a la harina esponjosa y acidifica el medio, dándole su sabor característico.
Hice 2 intentos:
- El primero, siguiendo las indicaciones de Maestra Gaia y su blog, no presentó cambios durante 4 días, por lo que lo tiré a la basura y comencé de nuevo.
- El segundo, según las magníficas indicaciones de este blog:
y este vídeo:
Día 1
En un bote de cristal limpio, añadí 2 cucharadas soperas de harina de centeno integral biológica y agua desclorada (agua del grifo dejada reposar durante 1 hora para que se volatilice el cloro) suficiente como para alcanzar una textura espesa, tipo porridge. Lo ideal es colocar el bote tapado con un paño limpio en un lugar a una temperatura constante por encima de 20ºC. La temperatura ambiental va a determinar la velocidad de desarrollo de la Madre de 3 a 7 días, aproximadamente. Como en mi cocina hay unos 18ºC, puse el recipiente sobre la yogurtera sin tapar.
Día 2
A las 24 horas de lo anterior, nada había cambiado excepto un ligero olor ácido de la mezcla. Añadí otras 2 cucharadas de harina integral de centeno y agua desclorada para obtener una textura similar a la del día anterior.
Día 3
A las 24 horas, se observan pequeñas burbujas en la base y en la superficie. Y la mezcla tiene "ese olor", que no se puede describir con palabras. Una mezcla entre cerveza, yogur y aceitunas. ¡Qué emoción! Volví a echar 2 cucharadas de harina integral de centeno y agua desclorada hasta obtener la misma textura de siempre.
Día 4
Este día es un día muy importante, ya que la masa ha echado muchas burbujas y ha aumentado ligeramente su volumen. El olor es más fuerte.
En este punto, es recomendable comenzar a echar harina de trigo si nuestros panes van a ser del mismo, ya que la Madre de trigo nos va a dar más versatilidad a la hora de hacer panes. Es lo que se llama "aclarar la Madre" Yo usé 2 cucharadas soperas de harina de trigo de fuerza (con 13 gramos de proteínas por cada 100 gramos de harina) y agua como siempre.
Día 5
En este día, la Madre tiene la suficiente fuerza como para duplicar su volumen de 2 horas. Por lo que nuestra "pequeña" ya está lista para ser utilizada.
Si no vamos a usarla en este momento, se puede guardar en el frigorífico bien tapada. El frío enlentece los procesos enzimáticos de las levaduras, y la Madre se "adormece". Si queremos utilizarla de nuevo, es preciso sacarla varias horas antes del frigo y "realimentarla" con harina de trigo y agua a temperatura ambiente hasta que coja toda su fuerza.
En la siguiente entrada seguiré con el amasado y el horneo del pan
mMMMmMMmMmmMm ¡Qué rico!
lunes, 12 de marzo de 2012
Una interesante historia
Navegando por la red el otro día, me encontré con la historia de Bernardina, contada por Ibán Yaiza.
En ella, relata hermosamente cómo, tras la observación de una foto de una muchacha que llevaba en la cabeza un tablón lleno de panes al horno común, se enzarza en la búsqueda por España de esa muchacha.
Os dejo el enlace y que lo disfrutéis.
http://www.lamemoriadelpan.com/en-busca-de-bernardina/
En ella, relata hermosamente cómo, tras la observación de una foto de una muchacha que llevaba en la cabeza un tablón lleno de panes al horno común, se enzarza en la búsqueda por España de esa muchacha.
Os dejo el enlace y que lo disfrutéis.
http://www.lamemoriadelpan.com/en-busca-de-bernardina/
martes, 28 de febrero de 2012
Correr...sin mirar atrás
Correr por el monte es como surcar los mares en el lomo de un delfín. Es como nadar agarrada a la cola de un pez espada. Correr por el monte es como soñar que te elevas por encima de las nubes y puedes contemplarlo todo con vista de águila. Es como poseer el viento, aferrarlo con tus puños para no dejarlo escapar. Subiendo, a cada respiración un más allá, a cada dolor un suspiro inerme, a cada zancada un paso hacia la gloria. Es perderlo todo para ganarlo todo. Es sudar los ríos para beber las fuentes.
Y cuando llegas a lo más alto, el mundo a tus pies. Las laderas verdes, los picos con nieve blanca como la espuma, la bruma que se despierta junto con el alba, que mece al rocío sobre las hojas tiernas. El corazón desbocado y la mente en calma. Las piernas temblorosas y la voluntad firme.
Y luego bajar. Como una amazona a galope, con la brisa en el pelo, con el pie cauto, con la sonrisa amplia. Sorteando piedras, vadeando arroyos, saltando alegrías. Como si tuviese los pies descalzos, el alma desnuda y el deseo vivo.
Así, no quiero parar. Quiero correrlo todo, verlo todo y sentirlo todo. Y gritar la libertad en mis pulmones y cantar al viento.
Hasta en fin del mundo...
Sin mirar atrás...
Contigo.
Y cuando llegas a lo más alto, el mundo a tus pies. Las laderas verdes, los picos con nieve blanca como la espuma, la bruma que se despierta junto con el alba, que mece al rocío sobre las hojas tiernas. El corazón desbocado y la mente en calma. Las piernas temblorosas y la voluntad firme.
Y luego bajar. Como una amazona a galope, con la brisa en el pelo, con el pie cauto, con la sonrisa amplia. Sorteando piedras, vadeando arroyos, saltando alegrías. Como si tuviese los pies descalzos, el alma desnuda y el deseo vivo.
Así, no quiero parar. Quiero correrlo todo, verlo todo y sentirlo todo. Y gritar la libertad en mis pulmones y cantar al viento.
Hasta en fin del mundo...
Sin mirar atrás...
Contigo.
domingo, 19 de febrero de 2012
El pan
El pan es un alimento que viene acompañando al hombre desde que el hombre es "hombre". Se denomina pan al alimento formado por harina de cereal, sal y agua. Probablemente los primeros panes eran "ácimos" sin fermentar, y provenían de cereales salvajes o incluso harinas de bellotas molidas groseramente, mezcladas con agua y dejadas cocer al sol o cerca del fuego. La fermentación fue un hallazgo casual, como casi todas las cosas importantes que ocurren en la historia.
Fue ya en Roma cuando se extendió la utilización del pan como base de la alimentación, entre las tropas romanas, que poseían hornillos o cocederos comunes. De hecho, su nombre proviene del latín pannus, que significa "masa blanca". El pannus de los romanos era principalmente de trigo, y es por ello que en esta época es cuando se afianzó el cultivo del mismo.
Con la caída del Imperio Romano, hubo un gran desabastecimiento de trigo en toda Europa, por lo que se comenzaron a utilizar otros tipos de cereales, como el centeno o la avena.
En principio, el pan era un alimento de fabricación familiar, y más tarde aparecieron las panaderías. Poco a poco, la molienda del pan, su amasado y su horneado se han industrializado, conociendo las variedades de pan que tenemos en todas las tiendas hoy en día.
Lo que más me asombra de la fabricación del pan es el proceso llamado "fermentación", llevada a cabo por nuestro querido Sacharomyces cerevisiae, que es también el fermentador de la cerveza y el vino (se denomina "fermentación alcohólica"). Nuestro amigo cerevisiae es una levadura u hongo unicelular, que se replica de forma óptima a temperaturas alrededor de los 30ºC, y cuya reacción química principal es esta:
Esto se traduce en que una molécula de glucosa se transforma en dos de etanol y dos de CO2. Este gas se queda entremezclado en las proteínas de la masa húmeda y la hace más esponjosa y menos densa. El Sacharomyces se encuentra de forma natural en la cáscara del trigo, por lo que si mezclas agua con trigo entero molido y lo dejas reposar y lo alimentas durante el suficiente tiempo, desarrollas lo que se llama "masa madre", un ecosistema completo lleno de levaduras, que viven en un ambiente ácido y le dan al pan su sabor y olor característico.
Pues bien, hoy he hecho pan casero, y eso me ha dirigido a un pensamiento filosófico: la fabricación del mismo es un reflejo de la sociedad en que vivimos. Porque la realización del pan requiere mucho tiempo, 4-5 horas si lo fabricas con levadura seca o húmeda, o varios días si primero te encargas de la elaboración de la "masa madre". Hoy en día es mucho más cómodo comprarlo precocido en el súper de la esquina, pues no tenemos tiempo, vivimos agobiados, muchas veces inconscientes de lo que nos hemos separado de nuestras raíces. No dejamos crecer las levaduras al mismo tiempo que nos estresamos cuando tocamos el claxon metidos en un atasco, o cuando preferimos coger un coche que caminar 10 km. No lo cocemos a fuego lento al igual que nos ansiamos si tenemos que esperar en la cola del pescado o nos desesperamos cuando no viene el bus.
Es hora de parar y de vivir de forma consciente.
Os cuento cómo lo he hecho:
INGREDIENTES
- 500 gr. de harina blanca (no tenía integral): 400 gr. al inicio y los otros 100 gr. en la mesa durante el amasado.
- 250 ml de agua (si es declorada, mejor. La mía era del grifo, templada)
- Una cucharadita de sal.
- Un sobre de levadura seca (unos 25 gr).
Al inicio se ponen en un cuenco 400 gr de harina y se mezclan con la sal. Una vez mezclados, se hace un volcán en el centro y se echa allí el agua templada y la levadura seca. En principio se mezclan con una cuchara de palo y cuando ya se puede coger con la mano se pasa a la mesa limpia donde previamente se ha espolvoreado la harina restante.
En la mesa, se amasa con fuerza y firmeza, durante unos 20 minutos, hasta que queda una masa elástica, no demasiado dura, que no se pega a las manos. Yo me las mojaba de vez en cuando.
Una vez amasada, se envuelve en un paño húmedo y se coloca en una fuente de calor. Yo la he puesto al lado del radiador, al solecito, hasta que duplica su tamaño (unos 40 minutos, aunque depende de la temperatura).
Después se vuelve a amasar. En esta ocasión la masa está más dura y hay que darle puñetazos :D. Además, cruje al perder el aire. De nuevo se rodea de un paño húmedo y se deja cerca de una fuente de calor o a temperatura ambiente (por encima de 20ºC o no subirá) hasta que duplique su tamaño.
Cuando esto ocurre, está lista para meterla al horno. Se le puede dar la forma deseada. Yo la he dejado en modo "bollito". La he metido a 120ºC durante 45 minutos y después unos 15 minutos a fuego fuerte (200ºC) para que se tostase por fuera.
Al cocerse al horno, aumenta bastante su tamaño y se resquebraja su superficie al perder humedad. Sabemos que ya está cocido porque se dora por fuera y la corteza queda crujiente.
Este es el resultado de Señor Pan y Bebé Pan (que ha hecho mi pequeña ayudante con sus manitas).
En cuanto tengamos harina integral, probaré a realizar la masa madre.
Espero que os haya gustado.
Fue ya en Roma cuando se extendió la utilización del pan como base de la alimentación, entre las tropas romanas, que poseían hornillos o cocederos comunes. De hecho, su nombre proviene del latín pannus, que significa "masa blanca". El pannus de los romanos era principalmente de trigo, y es por ello que en esta época es cuando se afianzó el cultivo del mismo.
Con la caída del Imperio Romano, hubo un gran desabastecimiento de trigo en toda Europa, por lo que se comenzaron a utilizar otros tipos de cereales, como el centeno o la avena.
En principio, el pan era un alimento de fabricación familiar, y más tarde aparecieron las panaderías. Poco a poco, la molienda del pan, su amasado y su horneado se han industrializado, conociendo las variedades de pan que tenemos en todas las tiendas hoy en día.
Lo que más me asombra de la fabricación del pan es el proceso llamado "fermentación", llevada a cabo por nuestro querido Sacharomyces cerevisiae, que es también el fermentador de la cerveza y el vino (se denomina "fermentación alcohólica"). Nuestro amigo cerevisiae es una levadura u hongo unicelular, que se replica de forma óptima a temperaturas alrededor de los 30ºC, y cuya reacción química principal es esta:
C6H12O6 --------- 2 C2H5+ 2 CO2
Es hora de parar y de vivir de forma consciente.
Os cuento cómo lo he hecho:
INGREDIENTES
- 500 gr. de harina blanca (no tenía integral): 400 gr. al inicio y los otros 100 gr. en la mesa durante el amasado.
- 250 ml de agua (si es declorada, mejor. La mía era del grifo, templada)
- Una cucharadita de sal.
- Un sobre de levadura seca (unos 25 gr).
Al inicio se ponen en un cuenco 400 gr de harina y se mezclan con la sal. Una vez mezclados, se hace un volcán en el centro y se echa allí el agua templada y la levadura seca. En principio se mezclan con una cuchara de palo y cuando ya se puede coger con la mano se pasa a la mesa limpia donde previamente se ha espolvoreado la harina restante.
En la mesa, se amasa con fuerza y firmeza, durante unos 20 minutos, hasta que queda una masa elástica, no demasiado dura, que no se pega a las manos. Yo me las mojaba de vez en cuando.
Una vez amasada, se envuelve en un paño húmedo y se coloca en una fuente de calor. Yo la he puesto al lado del radiador, al solecito, hasta que duplica su tamaño (unos 40 minutos, aunque depende de la temperatura).
Después se vuelve a amasar. En esta ocasión la masa está más dura y hay que darle puñetazos :D. Además, cruje al perder el aire. De nuevo se rodea de un paño húmedo y se deja cerca de una fuente de calor o a temperatura ambiente (por encima de 20ºC o no subirá) hasta que duplique su tamaño.
Cuando esto ocurre, está lista para meterla al horno. Se le puede dar la forma deseada. Yo la he dejado en modo "bollito". La he metido a 120ºC durante 45 minutos y después unos 15 minutos a fuego fuerte (200ºC) para que se tostase por fuera.
Al cocerse al horno, aumenta bastante su tamaño y se resquebraja su superficie al perder humedad. Sabemos que ya está cocido porque se dora por fuera y la corteza queda crujiente.
Este es el resultado de Señor Pan y Bebé Pan (que ha hecho mi pequeña ayudante con sus manitas).
En cuanto tengamos harina integral, probaré a realizar la masa madre.
Espero que os haya gustado.
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