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miércoles, 10 de abril de 2013

Enfermedad Celiaca y Lactancia Materna

  Con motivo del VII Congreso Nacional de Lactancia materna se revisaron varios temas interesantes relacionados con la misma. Uno de ellos fue su relación con el desarrollo de Enfermedad Celiaca.

  Lo transcribo de este maravilloso blog:

http://www.unamaternidaddiferente.com/2013/03/enfermedad-celiaca-y-lactancia-materna.html?m=1

  Enriqueta Román revisó, durante su intervención en el VII Congreso Español de Lactancia Materna, la evidencia científica sobre la relación entre la enfermedad celiaca y la lactancia materna. Definió la enfermedad celiaca como un trastorno sistémico mediado inmunológicamente, provocado por la ingestión de gluten en individuos genéticamente susceptibles, y caracterizado por la presencia de una combinación variable de síntomas clínicos que responden a la retirada del gluten de la dieta, de anticuerpos específicos de la enfermedad, de haplotipos HLA-DQ2 y DQ8 y de lesión de la mucosa intestnal.

  La EC tiene una alta prevalencia (1-2% de la población occidental) y se desarrolla en sujetos genéticamente predispuestos como consecuencia de la exposición al gluten. Aún así, hay otros factores genéticos y ambientales que hacen que la enferemedad se exprese solo en el 4% de las personas genéticamente predispuestas.

  Entre los factores extrínsecos o ambientales que influyen en el desarrollo o no de la EC, la alimentación en el primer año de vida es un factor muy importante, con especial atención a dos aspectos fundamentales:
- Momento de la introducción del gluten.
- Lactancia materna.

  En cuanto a la relación entre la EC y la lactancia materna, Román señaló que hoy en día hay un cierto consenso sobre el efecto protector de la lactancia materna frente a la EC, sobre todo si el gluten se introduce poco a poco y mientras se mantiene la lactancia materna.

  Los posibles mecanismos por los que la lactancia materna podría facilitar esa tolerancia serían los siguientes:
  La continuidad de la lactancia materna reduciría la cantidad total de gluten ingerida.
  La leche materna contiene sustancias con actividad inmunomoduladora en la mucosa intestinal, a través de su efecto específico supresor en células T. En este sentido, los recientes resultados del estudio Proficel establecen que los perfiles de subpoblaciones linfocitarias podrían ser modulados por las prácticas de lactancia, con un efecto inmunomodulador positivo de la lactancia materna en los niños con riesgo de desarrollar la EC.
  Los anticuerpos IgA de la leche materna podrían disminuir la respuesta inmune frente al gluten.
  Con la lactancia materna disminuye la incidencia de infecciones gastrointestinales, que son conocidas por contribuir a la patogénesis de la EC.
  Posible efecto beneficioso de posponer la introducción de la leche de vaca.

  En cuanto a los distintos estudios científicos al respecto, Román repasó algunas de las publicaciones más relevantes, como una revisión de 2004 que encontró que la lactancia materna disminuiría el riesgo de presentar la enfermedad.

  Por otro lado, en un meta-análisis de 2006, las conclusiones apuntan que la introducción del gluten coincidiendo en el tiempo con la lactancia materna reduciría en un 56% el riesgo de sufrir la enfermedad celiaca.

  Uno de los principales estudios “informales” sobre la relación entre lactancia materna y enfermedad celiaca es el derivado del estudio de la conocida como “epidemia sueca de EC”, un momento en el que se multiplicó por cuatro la incidencia de la enfermedad celiaca.

  El análisis de las circunstancias en las que se produjo esta epidemia desveló que podría haberse derivado de un cambio en las recomendaciones de alimentación que hizo que creciera el porcentaje de lactantes en los que se introdujo el gluten en grandes cantidades después de la retirada de la lactancia materna.

  Hay muchos estudios diferentes que confirman el efecto protector de la lactancia materna para el desarrollo de la enfermedad celiaca. Por eso, algunos científicos se preguntaron si realmente la lactancia materna previene la enfermedad o simplemente supone un retraso en el desarrollo de la misma. En un estudio al respecto se encontró una disminución significativa de EC en niños con introducción más precoz del gluten, mientras se mantenía la lactancia materna. Esa protección se mantenía durante los 12 primeros años, con lo que no era un retraso en los síntomas, sino que se confirmó su efecto protector.

  Por último, en una revisión sistemática de trabajos relacionando la alimentación en el primer año y la prevención de la EC, las conclusiones apuntan que para disminuir el riesgo de enfermedad celica parece razonable evitar la introducción precoz (antes de los cuatro meses) o tardía (después de los 7 meses) del gluten, teniendo la precaución de introducirlo de forma gradual y manteniendo la lactancia materna al menos hasta un mes después de la introducción.

sábado, 4 de agosto de 2012

Semana Mundial de la Lactancia Materna


    Estamos en la Semana Mundial de la Lactancia Materna. 

    De sobra es sabido que la Lactancia Materna es el mejor alimento para un bebé durante los primeros meses de vida: tiene todos los nutrientes necesarios para su desarrollo físico y sensorial, incluso cambia horariamente, no sólo con la edad; supone una fuente de seguridad y calor materno, indispensable para la instauración del vínculo madre-hijo y del apego, muy importante para el adecuado desarrollo neuropsicológico.
    Además, protege de numerosas enfermedades, no sólo infecciosas durante el primer año de vida, sino también enfermedades crónicas y a largo plazo: dermatitis atópica, alergia, asma, enfermedad celíaca, enfermedad inflamatoria intestinal, obesidad, diabetes mellitus, esclerosis múltiple y cáncer. Los lactantes no alimentados a pecho presentan peores resultados medios en los tests de inteligencia y tienen un riesgo más elevado de padecer ansiedad, depresión, hiperactividad y de sufrir maltrato infantil.

    Esta es la realidad, aunque nos pueda doler a algunos. Y muchos más estudios científicos que quedan pendientes de publicar. Y espero que se publiquen muchos y se conciencie a la sociedad.

    No obstante, la finalidad de esta entrada no es ensalzar las bondades de la Lactancia Materna, pues ya me conocéis y sabéis que doy mucho la brasa con este tema. La finalidad es ensalzar a la persona principal por la cual yo sigo dando la teta a mis dos hijas de 5 y 3 años, mi pareja: sin él, sin su apoyo, no hubiera sido posible.

    No hay excusas: se puede trabajar, y hacer guardias de 12-14 horas, y mantener la lactancia materna. Ni desaparece la leche, ni se va de paseo, sólo hay que tener la información, las ganas y la predisposición para ello. HAY QUE QUERER...Y PODER.

    La incorporación a la vida laboral tras el descanso por maternidad es muy duro: dejas a tu bebé, con el que has estado día y noche, en manos de otro. No importa que sea su padre, la ansiedad de separación puede costar una depresión. Lamentablemente, en España se produce alrededor de los 4 meses de edad del bebé, cuando todavía se alimenta de leche exclusivamente. Recuerdo salir de casa llorando, con la mano en el teléfono móvil...Afortunadamente, mi pareja, que tiene un corazón de oro y una sensibilidad muy capaz de entender mis estados de ánimo, me acompañaba TODAS las tardes en mi trabajo, para que cuando tenía un rato de descanso, acudiera a dar el pecho a mi hija. Cuando digo TODAS, me refiero a TODAS, incluso en las guardias de 12 horas. Y lo hizo durante meses, hasta que me vi preparada para pasar una tarde sin verlos,  momento en el cual comencé a usar el sacaleches. Cada 3 horas paraba en mi trabajo (con la consulta a rebosar, la gente esperando fuera), me ponía una silla contra la puerta (porque no tenía cerrojo, no sea que entrasen y me encontrasen con la teta fuera) y me vaciaba el pecho a ritmo frenético, llenando el biberón en 15 minutos. Recuerdo pensar en mi hija mientras me sacaba la leche con todo el amor, sabiendo que esa leche rica se la tomaría en mi ausencia al día siguiente, con su sabor a mí, a su madre. 

    También, mi "barbas" favoreció siempre el colecho, como la forma natural de vivir el día a día. Cuando me levantaba por las mañanas como si no hubiera dormido, llorando de puro cansancio tras una noche de teta intensiva, se quedaba a la peque a su lado, aunque estuviera trabajando, para que pudiera descansar. 

    Y por último, él siempre comprendió y comprende los estados derivados de la maternidad instintiva e intensiva: el hecho de pasar a un segundo plano cuando nace un bebé (porque, la realidad es esa, no hay tiempo ni para ducharse, como para hacer arrumacos), la "mamitis", que dura hasta los 2-3 años, aproximadamente (momento a partir del cual los hijos descubren al padre como un ser diferente a la madre, y les encanta hacer actividades diferentes con ellos), las dificultades para llevar a cabo los planes de ocio, para tener tiempo de "pareja", incluso para comunicarse. No obstante, siempre está ahí, para cuando se le llama, feliz con sus cosas, esperando, tranquilo, necesario, imprescindible.

    Los padres sois un pilar fundamental en una familia, aunque no lo creáis.

    ¡Qué suerte he tenido y que suerte sigo teniendo, por tener una pareja tan amante y tan implicada!

    Será por eso que repito experiencia...
























miércoles, 15 de febrero de 2012

Lactancia materna prolongada

Mi niña ha crecido. Ha crecido tanto y tan rápido, que no me he dado cuenta. Tiene ya 5 años, se han caído sus primeros dientes de leche y ya sabe leer todo lo que encuentra por las esquinas. Y yo he crecido con ella. 
Cuando nació nadie me explicó el sentimiento del apego. Para mí fue tan fuerte e intenso, que se tambalearon todos los cimientos en los que se habían basado mis creencias. Me sentía incapaz de separarme de ella, tan pequeña, tan débil e indefensa. Ella sólo buscaba a su madre y su madre sólo la buscaba a ella. ¡Qué relación tan profunda! Dormíamos todos juntos en la cama, la llevaba como mamá canguro a todas partes (congresos incluidos), comía con ella, e incluso me bañaba con ella. Y le daba teta. 
Y sigo dándole teta. Y ella y yo somos tan felices en ese pequeño y único momento del día, que tengo muy claro que el destete ocurrirá cuando ella lo deseé. 

Hay mucho tabú sobre la lactancia materna prolongada. Hay algunos estudios que explican que el fin de la lactancia en el humano se coloca entre los 3 y los 7 años si los dejamos mamar de manera natural a demanda. Esta edad coincide con la aparición de la dentición definitiva y la maduración del sistema inmunitario.

Os transcribo un texto al respecto:
 
Cada cultura tiene al respecto sus propias costumbres, aunque desde luego ninguna desteta tan pronto como la cultura occidental del siglo XX. La antropóloga norteamericana Katherine Dettwyler (1) ha abordado la cuestión desde la zoología comparada, extrapolando una hipotética edad del destete en el ser humano a partir de los datos referentes a otros primates, a partir de varios parámetros que se correlacionan de forma más o menos exacta con la lactancia:

a) Según el peso al nacer.
Suele decirse que los mamíferos se destetan cuando han triplicado su peso al nacer. Esto sólo es válido para los animales pequeños; los animales de tamaño parecido al nuestro se destetan tras cuadruplicar el peso al nacer, lo que sería aproximadamente a los dos años y medio.

b) Según el peso del adulto.
Muchos mamíferos se destetan al alcanzar aproximadamente la tercera parte de su peso adulto. Como en nuestra especie el varón adulto es más grande, ello representaría un destete más tardío: los niños hacia los siete años (al alcanzar los 23 kg.), y las niñas poco antes de los seis años (con 19 kg.).

c) Según el peso de la madre.
Los investigadores Harvey y Clutton-Brock encontraron que, en un gran número de primates, la edad del destete en días es igual al peso de la hembra adulta en gramos multiplicado por 2,71. Aplicando esta fórmula a una madre de 55 kilos, correspondería destetar a los tres años y cuatro meses.

d) Según la duración de la gestación.
La relación entre la duración de la lactancia y la duración de la gestación es muy variable entre los primates, pero parece depender del tamaño de los individuos. En los monos pequeños, dicha relación suele ser inferior a dos; pero entre nuestros parientes más cercanos (en parentesco y tamaño), la relación es de 6,4 para el chimpancé y de 6,18 para el gorila. Si asumimos que para el ser humano dicha relación ha de ser también superior a 6, el resultado es un mínimo de cuatro años y medio de lactancia.

e) Según la dentición.
El destete suele producirse en muchos primates cerca de la erupción del primer
molar permanente, lo que correspondería a los 6 años en el ser humano.

Como conclusión, Dettwyler supone que la edad normal del destete en el ser humano debe estar en algún punto entre los dos años y medio y los siete.

Carlos González

Fuente: [Lactared] Apoyo a las Madres que Siguen Dando Pecho Después del Año, gracias a M. Angels Claramunt Armengau.