Correr por el monte es como surcar los mares en el lomo de un delfín. Es como nadar agarrada a la cola de un pez espada. Correr por el monte es como soñar que te elevas por encima de las nubes y puedes contemplarlo todo con vista de águila. Es como poseer el viento, aferrarlo con tus puños para no dejarlo escapar. Subiendo, a cada respiración un más allá, a cada dolor un suspiro inerme, a cada zancada un paso hacia la gloria. Es perderlo todo para ganarlo todo. Es sudar los ríos para beber las fuentes.
Y cuando llegas a lo más alto, el mundo a tus pies. Las laderas verdes, los picos con nieve blanca como la espuma, la bruma que se despierta junto con el alba, que mece al rocío sobre las hojas tiernas. El corazón desbocado y la mente en calma. Las piernas temblorosas y la voluntad firme.
Y luego bajar. Como una amazona a galope, con la brisa en el pelo, con el pie cauto, con la sonrisa amplia. Sorteando piedras, vadeando arroyos, saltando alegrías. Como si tuviese los pies descalzos, el alma desnuda y el deseo vivo.
Así, no quiero parar. Quiero correrlo todo, verlo todo y sentirlo todo. Y gritar la libertad en mis pulmones y cantar al viento.
Hasta en fin del mundo...
Sin mirar atrás...
Contigo.
