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sábado, 2 de febrero de 2013

Se acerca el momento

  Se acerca despacio, semana a semana percibo cómo creces, cómo te mueves, cada vez más pausado, con escaso espacio para estirar tu pequeño cuerpecito.
  Se acerca la euforia, la excitación. ¿Cómo serás? En mi útero sólo está mi corazón, mi respiración, el sonido del agua en el que te meces, y quizá el grito de tus hermanas pululando alrededor, que también sienten que el momento se aproxima. Fuera, está otro ritmo, el sonido, la luz fotónica del Sol, el gusto a leche rica, el tacto amoroso del piel con piel.
  Aquí te esperamos, con los brazos abiertos. Llegas en un momento muy especial, a llenar esta casa de luz. Te va a gustar tu familia, es una familia muy divertida: te queremos desde antes de que fueras engendrado, desde antes de que tu papi y yo nos conociéramos.
  Te recogeremos y cuidaremos con todo el amor, e intentaremos que tu existencia en este mundo sea dichosa.
  No tardes, tómate tu tiempo. Sincronicemos nuestros corazones. Te esperamos.



domingo, 28 de octubre de 2012

Aquí y ahora


  Aquí estoy. Con mis dos hijas, acompañándolas en su sueño. Intento no distraerme con otros pensamientos, intento vivir el aquí y el ahora. Ser consciente de mis sensaciones y emociones, de lo que representan. Dejándome llevar por la felicidad plena de su respiración y del vaivén de sus sueños. Centrándome en mi cuerpo y en mi mente.

  Percibo mi útero dentro de mí. Soy plenamente consciente de él: me palpo el borde por encima del ombligo,  y sus laterales lisos hacia el pubis. Es una masa elástica que se contrae. La contracción comienza en la parte alta y desciende con fuerza, generando una sensación de poder, indolora pero potente: la fuerza de generaciones concentrada en un músculo que ha ido desarrollándose y tomando el control de mi cuerpo a medida que avanza la gestación.

  Él está ahí. Se ha despertado con tanto trajín. Patalea con el motor de la vida que se inicia en cada una de sus células en progresivo desarrollo. Se despereza, estira, hipa, chupa el dedo, en un mar de tranquilidad caliente, acompasado por el ritmo de mi corazón. Su corazón y mi corazón laten de forma diferente, intercambian fluidos nutritivos, y probablemente alguna molécula de pura endorfina. Reconoce mi voz.

  Intento visualizarlo ahí dentro feliz, una mente en bruto: sin prejuicios, ideas preconcebidas, traumas ni sufrimiento. Un cerebro preparándose para amar, para reír y gozar, para estudiar teoremas, para bailar, para emocionarse con la música o con un beso, para CREAR...

  Lentamente vuelvo a mi respiración. La hago consciente, siento el aire salir y entrar por mis fosas nasales. Percibo cómo baja hasta mis pulmones y relaja mi cuerpo, y en cierta forma, lo cura y lo descansa. Salgo de este estado límbico...y abro los ojos.

  Quiero alcanzar el autoconocimiento pleno y así superarme como madre y como persona. Encarar y vencer los miedos que llevo en mi mochila.

  El camino es largo, pero sé que puedo conseguirlo con amor y trabajo personal.