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domingo, 22 de julio de 2012

Homenaje a El Flaco, el montañero anónimo.

La montaña es simple, en ella te das cuenta de las pocas cosas que son realmente necesarias para vivir y ser feliz. Un saco, una compañía, un té caliente, y un hotel de mil estrellas.


Que lo disfrutéis.




Realizado por Imanatfilms documentales. 

miércoles, 18 de julio de 2012

La mar

  No hay nada como mecerse con las olas del mar. Como dormirse en su regazo, con el sonido rítmico de su vaivén espumoso, como una madre cuidadosa y amorosa. No hay nada como perderse en su pulsátil corazón, el corazón de Gaia, sopa primordial, engendro de la vida, fuente de alimento. Cuando llevas un rato perdido en su devenir, la respiración se acompasa, y hasta la sangre en las venas parece acompañar. Como si fuésemos uno. Un latido, un redoble. 

   Y la marea sube, y después baja. Y así ha sido desde que la mar existe. Y así permanecerá, inmutable, a pesar de nuestro afán por mermarla. Y miles de ojos la contemplarán desde las orillas, los acantilados o las naves. Miles de suspiros enamorados se guardarán en secreto entre su arena. Y las especies nacerán, encontrarán su apogeo y desaparecerán entre su salitre. Mis genes se mezclarán como el viento, como sus gotas, pero ella estará allí, imperturbable en su cuna de agua. 

   Y da igual lo que hagamos o no, ella sigue su camino. Un camino lento, de pasos cortos e imperceptibles para la veloz humanidad, pero seguro en mantener la riqueza de sus pobladores.  

   ¿Quién no quiere perderse entre las olas del mar?




martes, 28 de febrero de 2012

Correr...sin mirar atrás

Correr por el monte es como surcar los mares en el lomo de un delfín. Es como nadar agarrada a la cola de un pez espada. Correr  por el monte es como soñar que te elevas por encima de las nubes y puedes contemplarlo todo con vista de águila. Es como poseer el viento, aferrarlo con tus puños para no dejarlo escapar. Subiendo, a cada respiración un más allá, a cada dolor un suspiro inerme, a cada zancada un paso hacia la gloria. Es perderlo todo para ganarlo todo. Es sudar los ríos para beber las fuentes. 
Y cuando llegas a lo más alto, el mundo a tus pies. Las laderas verdes, los picos con nieve blanca como la espuma, la bruma que se despierta junto con el alba, que mece al rocío sobre las hojas tiernas. El corazón desbocado y la mente en calma. Las piernas temblorosas y la voluntad firme. 
Y luego bajar. Como una amazona a galope, con la brisa en el pelo, con el pie cauto, con la sonrisa amplia. Sorteando piedras, vadeando arroyos, saltando alegrías. Como si tuviese los pies descalzos, el alma desnuda y el deseo vivo.


Así, no quiero parar. Quiero correrlo todo, verlo todo y sentirlo todo. Y gritar la libertad en mis pulmones y cantar al viento. 


Hasta en fin del mundo...


Sin mirar atrás...


Contigo.



martes, 14 de febrero de 2012

Madrugada de Sábado

El bosque tenía miedo, más que yo a la tenue luz de la luna menguante, mientras Pilar y yo caminábamos entre las rocas. El frío cortaba la respiración. No había viento, sólo estrellas, el rítmico son del agua, ella y yo. 
Salimos de Quebrantaherraduras trotando alegremente. Cruzamos el río en Cantocochino y después continuamos por la autopista hasta la pradera del refugio Giner.
Bajo la sombra del Tolmo, ese reverberante pedrolo inmenso caído de las alturas hace milenios, apagamos los frontales y aguzamos el oído: nada más que el lejano rumor de la corriente, que se asemeja ligeramente al sonido remoto de la populosidad de la urbe, y nuestra respiración agitada.
Continuamos caminando a buen ritmo hasta el Collado de la Dehesilla. Desde allí podíamos contemplar las luces de los pueblos colindantes, bajo el fulgor de las estrellas y planetas, que desde el cielo parecían saludarnos.
¡Qué sensación tan maravillosa, sentirse único en ese instante del tiempo y del espacio!
Las montañas, las rocas y las estrellas viven para siempre. Hablan, se comunican en términos inimaginables para los humanos, pues ante su inmovilidad y permanencia han contemplado millones de lluvias, vendavales, incendios, extinciones, actos de amor y paseos nocturnos. En tiempos de las piedras, esa noche consiste en un punto infinitesimal de su historia, que quedará rápidamente olvidado con el paso imperturbable del tiempo y de la evolución. Pero para mí, no. Permanecerá grabado para siempre entre mis conexiones neuronales como el día en que la Pedriza nos acogió entre sus brazos y nos cuidó como si fuésemos sus hijas.