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lunes, 24 de diciembre de 2012

Vaya tela

  Como sabéis, quedan menos de 10 semanas para que nazca mi tercer retoño. 



  Siempre he sido considerada una "rarita" en mi entorno, por diversas razones que se salen de la "norma". 


  Cuando cumplí 18 años comencé a interesarme por el vegetarianismo, con las dificultades que esto conlleva viviendo en casa de una familia tradicional. Cuando me independicé, fue mucho más fácil, pero, ojo, costó lo suyo.  Posteriormente, fui madre joven. Sí, con 27 años decidimos embarazarnos de nuestra primera hija. Una decisión muy personal, tomada con conciencia y deseo absolutos. Fuimos los primeros de nuestro entorno. El estilo de crianza nació con ella, un poco guiados por nuestro instinto y fuera de los convencionalismos sociales: crianza con apego, colecho, lactancia materna prolongada y a demanda, porteo, educación consciente...


  Después nos mudamos a las montañas, cual ermitaños, ¡para qué queremos más! ¿pero os vais a vivir allá tan lejos sin tener coche? ¡dos semanas vais a aguantar! Pues yo sigo sin coche, oiga, y ya llevo cuatro años viviendo aquí. Y me apaño fenomenal, el abono transporte te lleva a cualquier sitio, incluso al trabajo. Y la bicicleta de montaña, ni te cuento. Te permite perderte entre los Pinares de Gaia y a la vez ponerte en forma. Es que esto de abogar por una vida más sostenible es de progres, ya se sabe, que volvemos a lo de antes: que si el huerto, que si las gallinas, que si la estufa de leña, que si hacer el pan y los yogures en casa...



  Pues bien, si nos parecía poco, ahora la "loca de la pradera" ha decidido pasarse a los pañales de tela. ¡Vaya tela! ¿Pero no es mucho trabajo, con tres hijos y currando? ¡Con lo que hemos evolucionado gracias a los pañales desechables! Pues sí, hemos evolucionado. Pero a veces ir hacia delante significa dar un paso atrás, y expongo mis razones.




- Motivos ecológicos: un bebé gasta alrededor de 125 pañales al mes, lo que equivale, en España, a un campo de fútbol lleno hasta 10 metros de altura cada mes. Tardan entre 200 y 500 años en degradarse. En algunos municipios del Reino Unido, se subvencionan los pañales de tela para evitarse el tratamiento de estos residuos. En E.E.U.U. se generan 82000 toneladas de plástico anuales, y se talan 250000 árboles para hacer pañales desechables. De todo ello, sólo el 40% es biodegradable.



- Motivos económicos: actualmente,  los pañales desechables se consideran artículo de lujo y están gravados con un 21% de IVA. Por tanto, el ahorro desde nacimiento hasta que el niño deja el pañal, alrededor de los 3 años, puede ser de cerca de 2000 euros en total y por niño. Sin descontar que se pueden reciclar para los siguientes hijos e incluso vender de segundo culete una vez se para la fábrica de hacer niños. Hace unos años, cada familia recibía una ayuda de 2000 euros, que han retirado por la "crisis·.

- Motivos de salud: no he encontrado evidencia científica al respecto, pero el saber popular dice que se dejan antes los pañales de tela que los desechables, ya que el bebé nota antes la sensación de mojado o sucio. Yo en esto tengo mis dudas, pues el control de esfínteres se relaciona con la maduración neuropsicológica del niño. Sí que es cierto que la tela de materiales naturales provoca menos eritema del pañal. Además, si se caen de culo, están almohadillados.

- Motivos estéticos: indudablemente, ¡son mucho más bonitos!

  Por supuesto, tienen sus desventajas:

- Inversión inicial: al nacimiento, los bebés hacen mucho pis, pero poca cantidad, por lo que hay que cambiarlos con mucha frecuencia. Por tanto, para tener pañales suficientes, hay que hacerse con una buena reserva. Así, al principio el desembolso es mayor (aunque hay opciones económicas), aunque después los amortices de sobra.

- Son menos absorbentes: se han de cambiar más a menudo. Esto se suele arreglar añadiendo más capas de absorción (los llamados insertables) de distintos materiales: algodón, bambú, cáñamo, microfibra... Para que no haya fugas indeseadas, sobre todo durante la noche.

- Abultan más: necesitas ropa de tamaño mayor para que les quepa este colorido culete.

- Hay que lavarlos: para eso está la lavadora, afortunadamente. Se van acumulando en un cubo con tapa y se lavan cuando haya suficientes, con poco jabón y sin suavizante. Por ello, los pañales de tela más utilizados son los que tienen varias capas, porque se lavan por separado y se secan antes.

  Bueno, pues creo que esto es todo. En otro post hablaré de los tipos de pañales de tela para que alucinéis con la variedad y el gusto.

  Imaginaos, entre el fular, la teta y los pañales de tela...¡directa al infierno social!

jueves, 11 de octubre de 2012

Cuatro en la cama

  


Cómo me alegro de haber seguido mi instinto, de haber escuchado a mi "medio naranjo", cuando fuimos de paseo al Corte Inglés de la Puerta del Sol a comprar una cuna para mi primera hija. Cuando vi todas esas camas con barrotes enfiladas, de bellos colores, con dibujitos, móviles encima con música de nana, me entró un escalofrío que me recorrió la médula espinal de principio a fin: ¿iba yo a ser capaz de dejar que mi hija, tan pequeña, tan frágil, tan bonita, durmiera en "eso"?

  El papá, que afortunadamente se trata de una persona con mucho más sentido común que yo, me dijo: "pero, tía, ¿vamos a dejar que nuestra pequeña duerma en eso? Mejor en la cama, con nosotros, ¿no?"

  Y con esas comenzó nuestra vida de colecho. Cuatro meses tenía la enana cuando me atreví a sacarla del cuco y meterla en nuestra cama. Todo comodidades, oiga. ¿Que quiere teta? Pues me levanto la camiseta y barra libre. ¿Que quiere mimos? Pues mimos a la carta. No hay nada equiparable a levantarse la mañana de los sábados todos juntos, hacerse cosquillas y arrumacos, echarse unas risas y cantar canciones.

  Y luego, la cantinela: "se te va a acostumbrar", "no va a haber quien la saque de la cama hasta que se case", "seguro que va a ser una niña dependiente de su madre toda la vida"... y un largo etcétera de gente que no sé si es que se siente culpable por no haber dado ellos ese mismo paso y lo único que quiere es fastidiar, o que de verdad le horripila el hecho de dormir con los hijos: "y, cuando queréis tener sexo, ¿cómo hacéis?". ¿De verdad que la gente sólo folla, con perdón, en la cama? Porque a mí se me ocurren mil lugares para hacerlo, dándole al asunto un toquecillo de diversión y de variedad bastante curioso.

  Y cuando mi pequeña, mayor ya con 3 años, comenzó el cole, nadie diría que nunca había ido a la escuela infantil: todo seguridad, emoción por sus compañeros, risas. Vamos, que no echaba nada de menos a su padre ni a su madre.
  Luego nació mi segunda hija, y con esta no cometimos el mismo error que con la mayor: compramos otra cama de matrimonio en el Ikea, y la juntamos con la nuestra, y todos en la supercama king size.
Ni una mala noche recuerdo yo, ni pesadillas ni terrores nocturnos. Eso sí, teta, mucha teta, a demanda por las noches hasta los dos años.

  Y llega el momento culminante: la mayor, con 5 años, y la pequeña, con 3, han decidido juntas, al mudarnos de casa, que querían dormir en otra habitación, rodeadas de sus juguetes y de sus cuentos. Es en este momento en el que hay que reflexionar irremediablemente sobre las etapas de la vida y la madurez. Ellas lo han hecho cuando estaban preparadas. Al igual que a muchos niños se les quita el pañal antes de tiempo, se les pone en una cuna solos prematuramente, se les da de comer y se les quita la teta cuando su cerebro aún está en plena construcción, sin dar tiempo al tiempo, a lo que la naturaleza nos tiene preparados.

  Me encanta dormir con mi pareja y me encanta dormir con mis hijas. Despertarme con ellos por las
mañanas es el mejor regalo. Y doy gracias infinitas por haber escuchado mi corazón y a mi "medio naranjo" y no a la sociedad que nos impone ser seres individuales e independientes desde que nacemos.
Hay ciertas corrientes que relacionan esta necesidad de separar a las madres de los hijos con el Capitalismo: un modelo social que requiere que las madres se incorporen al mercado laboral lo antes posible para producir para el Estado. Es por ello que se crearon las fórmulas infantiles y las guarderías, los métodos conductistas para que el bebé duerma solito desde los 6 meses de edad, los chupetes y otros sustitutivos del pecho materno, para que se independicen y se conviertan en meros sujetos futuros trabajadores para el Capital, desarticulando la Teoría del Apego, que tan importante ha sido para la supervivencia humana desde que el hombre es hombre.


  Aquí un artículo sobre la familia y el Capitalismo:

  Ahora falta poco para no ser cuatro en la cama, pero me llevo para mí esos bonitos recuerdos, esas noches de teta, esas risas cuando entra la luz por la ventana y nos hacemos cosquillas...Hemos crecido en este nido que hemos creado con mucho amor y con muchas ganas de hacer las cosas bien. Espero que las peques se lleven también ese recuerdo.

  Os dejo la postura de la Asociación Española de Pediatría sobre el colecho:

lunes, 25 de junio de 2012

Desmontando a Estivill

    Con motivo de la iniciativa creada para el día 29 de junio por la blogosfera de crianza con apego, Día Mundial del Sueño Feliz, os pongo un enlace al blog de Ibone Olza, psiquiatra pediátrica y miembro de la asociación "El Parto es Nuestro"

    Esta iniciativa surge de la necesidad de poner en conocimiento a la población sobre los efectos deletéreos a largo plazo que puede provocar el conocido "Método Estivill" reflejado en su libro "Duérmete niño". 
    Este método conductista se basa en varias ideas:

1. El niño "manipula" a los padres, por lo que llora inconsolablemente a la hora de dormir con esa intención. Nada más lejos de la realidad. De sobra es conocido que un bebé nace completamente indefenso y que su supervivencia y posterior desarrollo dependen principalmente del apego y del vínculo que se establece principalmente con la madre. 

2. El niño debe de dormir del "tirón" a partir de los 6 meses de vida.  El patrón de sueño de los bebés hasta los 2-3 años es distinto al del adulto.  El sueño del adulto consta de 4 fases diferenciadas:

    Cuando empezamos a dormir, notamos que nuestros músculos se relajan, se nos caen los párpados, pero el sueño es muy superficial (fase 1). En este momento, se mantiene la alerta parcialmente, de tal forma que si nos llaman, responderemos y nos despertaremos. 
Pero si continuamos, el sueño se hará cada vez más profundo (fase 2). En esta fase estamos completamente relajados, y nuestra audición está cerrada. Necesitamos que nos hablen fuerte para reaccionar. 
    Posteriormente, el sueño se profundiza más y más, entrando en las fases 3 y 4. En ellas, perdemos la capacidad de respuesta a los estímulos táctiles y auditivos, necesitando un gran estruendo o un zarandeo para despertarnos.
    Si no sucede nada de esto, entraríamos a continuación en la fase REM (Rapid Eye Movement), en la que nuestros músculos están prácticamente paralizados, pero nuestra mente está muy activa. Es la fase de los sueños. Si nos despiertan en este momento, podemos estar unos segundos sin ser capaces de movernos.

    Todo esto es un ciclo de sueño, de unos 90-120 minutos de duración en el adulto. Al terminar cada ciclo, tenemos pequeños despertares (unos 6-10 cada noche), muchos de ellos inconscientes, los microdespertares.





Y éste, más o menos, es el patrón normal de una noche :D



    Cuando un bebé humano nace, es un ser indefenso, pequeñín, que sólo come o duerme. De hecho, las estadísticas afirman que duerme entre 14-20 horas al día. Tiene unas necesidades muy precisas, que son:
- Alimentarse frecuentemente: para evitar las hipoglucemias. La alimentación debe ser a demanda.
- Mantener la alerta de un cuidador, ya que no saben cuidarse por sí mismos. ¿Cómo lo consiguen? Con el llanto. Ese llanto del recién nacido que pone nerviosos a todos si es continuado, seamos padres o no. Al llorar provocan que el "cuidador" le coja en brazos, para que se calme, y así queda protegido de los agentes externos y se asegura la alimentación frecuente. De ahí viene la frase "Quien no llora, no mama". Para mantener alerta al cuidador, también necesita alternar breves episodios de vigilia con otros de sueño.
- Desarrollar la mente. Para ello, lo más importante son los estímulos externos. ¿De dónde vienen, si duerme todo el día? pues de su estilo de sueño, que es un sueño con escasas fases de sueño profundo (3 y 4) para poder despertarse ante nuevos estímulos, y con un gran porcentaje de fase REM, en las que duerme pero su cerebro está más activo.
    Así, se puede decir que el sueño de un bebé tiene dos fases (REM y no-REM), de 50-60 minutos de duración, pare evitar el sueño excesivamente profundo que le impida despertarse ante algún peligro; tiene mayor porcentaje de sueño REM, para así integrar mejor los aprendizajes, y, finalmente, inicia el sueño directamente en fase REM. 

    Estas fases del sueño van cambiando a medida que el niño crece, de tal manera, que la mayoría de los niños, a los 3 años de edad ya no necesitan la siesta, y su patrón de sueño es como el del adulto. Por supuesto, hay variaciones individuales.

    Con todo esto, quiero decir, que obviamente, aunque con el "Método Estivill" los niños "parece que duermen del tirón", no es cierto. Se siguen despertando, lo que ocurre que "aprenden" a no demandar la atención de los padres, sintiéndose indefensos.
    Ahora sí, os dejo el enlace del post de Ibone Olza: 




    En cuanto a la iniciativa Día Mundial del Sueño Feliz, os dejo unos enlaces de información para que os unáis, con el hashtag #desmontandoaEstivill


    Y estos sobre el tema del sueño.

    Animaos y uníos.


domingo, 3 de junio de 2012

Los límites y la complacencia





La educación y la crianza, esas cosas. Cuando me quedé embarazada de mi primera hija, creí que estaba preparada para ser madre, pero ahora no lo tengo tan claro. Estaba preparada para cuidar y para querer, para amamantar y satisfacer las necesidades vitales de un niño. Pero, ¿y para educar? Tengo tantas contradicciones en mi día a día que realmente a veces me siento perdida. Y me gustaría diseccionarlo punto por punto:


 1. Mis necesidades versus las necesidades de mis hijos.  


Está bien ser una madre abnegada y dedicada en cuerpo y alma (no es mi caso), pero me doy cuenta todos los días de lo que influye mi estado de ánimo en cuanto a paciencia, ganas de enseñar cosas nuevas, etc. Por tanto, tengo que poner en una balanza también mis necesidades y encontrar el equilibrio satisfactorio para todos. Por ejemplo: detesto el desorden. Y me gusta la tranquilidad, ni el ruido ni el griterío. ¿Qué debo hacer entonces? Supongo que dedicarme al menos una hora al día a elegir entre deporte, estudio o lectura relajante. Y entonces, ¿Por qué me siento culpable cuando salgo? Apuntémolos como trabajo personal NUMERO UNO.


 2. Los gritos. 


Antes de que naciera la peque nunca gritaba, probablemente fruto de una reminiscencia infantil, ya que en mi casa muchos conflictos se arreglaban a voces y tirando platos al suelo. Odio los gritos. Y ahora, muy a menudo, me veo gritando. El grito es una manera de imponerse a un ser más pequeñito, y por tanto menos gritón, con la fuerza física, en este caso sonora. Lo siguiente al grito...no quiero ni pensarlo. Y no sirven para nada, menos mal, porque si no todo el mundo se comunicaría de esta horrenda manera. Cuando una persona grita significa claramente que está ofuscada y completamente desarmada desde el punto de vista del diálogo y la comprensión. Por tanto, vamos a cambiar de táctica. He leído este post: 


http://www.cuatroenlacama.com/search/label/Casilda%20Rodrigáñez 


 En el texto de Casilda Rodrigáñez describe cómo en las relaciones basadas en el AMOR y en la IGUALDAD (es decir, no somos superiores a nuestros hijos) las acciones se llevan a cabo por el mero deseo de satisfacer al ser amado, por lo que las órdenes no tiene sentido. Además, entre seres que se quieren no se resuelven las situaciones por imposición de las voluntades de uno sobre las del otro, sino simplemente por el hecho de que nos sentimos bien cuando hacemos al otro sentir bien, NO POR EVITAR SENTIRNOS CULPABLES AL HACER SENTIR MAL AL OTRO. En el estado amoroso a nadie se le ocurre dar órdenes, sino hablar, explicar las cosas, aplicarse en la resolución de las decisiones con mutuo mimo y cuidado, para conseguir lo mejor para el ser querido. Así, trabajo personal NUMERO DOS: no gritar, sino dialogar. Empatizar, ponerme del lado del ser chiquitito, y descubrir sus necesidades, sus respuestas tamaño niño y comprender sus acciones derivadas. No juzgar, sólo entender y remendar con la palabra en tono normal. 


 3. Los castigos y los premios. 


Cuando castigamos a los hijos, nos queda siempre la duda de si nos obedecen como sumisión a nuestra ira. ¿Deseo que mis hijas hagan las cosas porque me tienen miedo o porque "hay" que hacerlas, con todos los matices que esto implica? Y cuando hablamos de los premios, el asunto es el mismo. ¿Qué ocurre cuando no les gusta el premio o se cansan de ello? Si realmente nos preocupa (en mi caso muchísimo) el tipo de persona que van a ser nuestros hijos, entonces sabemos que los valores positivos se han de forjar desde el interior. Los elogios, los privilegios y los castigos pueden cambiar el comportamiento durante un instante, pero no transforman a la persona, o al menos no de la forma que deseamos. Ningún tipo de manipulación del comportamiento ha ayudado jamás a un niño a desarrollar el compromiso de convertirse en una persona responsable y cuidadosa. Por lo tanto, a partir de ahora voy a intentar convertir las situaciones de "actitud inapropiada" en un momento óptimo para enseñar, una oportunidad para educar o para resolver problemas conjuntamente: "algo no va bien, ¿qué podemos hacer para arreglarlo?". Trabajo personal NUMERO TRES. 


 ¡En menudo lío me he metido! Voy a tener que cambiar toda mi mente socialmente adaptada a otro época de mi vida y vivir la maternidad y la educacion de una forma más consciente. Ya os contaré si hay progresos.