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jueves, 11 de octubre de 2012

Cuatro en la cama

  


Cómo me alegro de haber seguido mi instinto, de haber escuchado a mi "medio naranjo", cuando fuimos de paseo al Corte Inglés de la Puerta del Sol a comprar una cuna para mi primera hija. Cuando vi todas esas camas con barrotes enfiladas, de bellos colores, con dibujitos, móviles encima con música de nana, me entró un escalofrío que me recorrió la médula espinal de principio a fin: ¿iba yo a ser capaz de dejar que mi hija, tan pequeña, tan frágil, tan bonita, durmiera en "eso"?

  El papá, que afortunadamente se trata de una persona con mucho más sentido común que yo, me dijo: "pero, tía, ¿vamos a dejar que nuestra pequeña duerma en eso? Mejor en la cama, con nosotros, ¿no?"

  Y con esas comenzó nuestra vida de colecho. Cuatro meses tenía la enana cuando me atreví a sacarla del cuco y meterla en nuestra cama. Todo comodidades, oiga. ¿Que quiere teta? Pues me levanto la camiseta y barra libre. ¿Que quiere mimos? Pues mimos a la carta. No hay nada equiparable a levantarse la mañana de los sábados todos juntos, hacerse cosquillas y arrumacos, echarse unas risas y cantar canciones.

  Y luego, la cantinela: "se te va a acostumbrar", "no va a haber quien la saque de la cama hasta que se case", "seguro que va a ser una niña dependiente de su madre toda la vida"... y un largo etcétera de gente que no sé si es que se siente culpable por no haber dado ellos ese mismo paso y lo único que quiere es fastidiar, o que de verdad le horripila el hecho de dormir con los hijos: "y, cuando queréis tener sexo, ¿cómo hacéis?". ¿De verdad que la gente sólo folla, con perdón, en la cama? Porque a mí se me ocurren mil lugares para hacerlo, dándole al asunto un toquecillo de diversión y de variedad bastante curioso.

  Y cuando mi pequeña, mayor ya con 3 años, comenzó el cole, nadie diría que nunca había ido a la escuela infantil: todo seguridad, emoción por sus compañeros, risas. Vamos, que no echaba nada de menos a su padre ni a su madre.
  Luego nació mi segunda hija, y con esta no cometimos el mismo error que con la mayor: compramos otra cama de matrimonio en el Ikea, y la juntamos con la nuestra, y todos en la supercama king size.
Ni una mala noche recuerdo yo, ni pesadillas ni terrores nocturnos. Eso sí, teta, mucha teta, a demanda por las noches hasta los dos años.

  Y llega el momento culminante: la mayor, con 5 años, y la pequeña, con 3, han decidido juntas, al mudarnos de casa, que querían dormir en otra habitación, rodeadas de sus juguetes y de sus cuentos. Es en este momento en el que hay que reflexionar irremediablemente sobre las etapas de la vida y la madurez. Ellas lo han hecho cuando estaban preparadas. Al igual que a muchos niños se les quita el pañal antes de tiempo, se les pone en una cuna solos prematuramente, se les da de comer y se les quita la teta cuando su cerebro aún está en plena construcción, sin dar tiempo al tiempo, a lo que la naturaleza nos tiene preparados.

  Me encanta dormir con mi pareja y me encanta dormir con mis hijas. Despertarme con ellos por las
mañanas es el mejor regalo. Y doy gracias infinitas por haber escuchado mi corazón y a mi "medio naranjo" y no a la sociedad que nos impone ser seres individuales e independientes desde que nacemos.
Hay ciertas corrientes que relacionan esta necesidad de separar a las madres de los hijos con el Capitalismo: un modelo social que requiere que las madres se incorporen al mercado laboral lo antes posible para producir para el Estado. Es por ello que se crearon las fórmulas infantiles y las guarderías, los métodos conductistas para que el bebé duerma solito desde los 6 meses de edad, los chupetes y otros sustitutivos del pecho materno, para que se independicen y se conviertan en meros sujetos futuros trabajadores para el Capital, desarticulando la Teoría del Apego, que tan importante ha sido para la supervivencia humana desde que el hombre es hombre.


  Aquí un artículo sobre la familia y el Capitalismo:

  Ahora falta poco para no ser cuatro en la cama, pero me llevo para mí esos bonitos recuerdos, esas noches de teta, esas risas cuando entra la luz por la ventana y nos hacemos cosquillas...Hemos crecido en este nido que hemos creado con mucho amor y con muchas ganas de hacer las cosas bien. Espero que las peques se lleven también ese recuerdo.

  Os dejo la postura de la Asociación Española de Pediatría sobre el colecho:

lunes, 25 de junio de 2012

Desmontando a Estivill

    Con motivo de la iniciativa creada para el día 29 de junio por la blogosfera de crianza con apego, Día Mundial del Sueño Feliz, os pongo un enlace al blog de Ibone Olza, psiquiatra pediátrica y miembro de la asociación "El Parto es Nuestro"

    Esta iniciativa surge de la necesidad de poner en conocimiento a la población sobre los efectos deletéreos a largo plazo que puede provocar el conocido "Método Estivill" reflejado en su libro "Duérmete niño". 
    Este método conductista se basa en varias ideas:

1. El niño "manipula" a los padres, por lo que llora inconsolablemente a la hora de dormir con esa intención. Nada más lejos de la realidad. De sobra es conocido que un bebé nace completamente indefenso y que su supervivencia y posterior desarrollo dependen principalmente del apego y del vínculo que se establece principalmente con la madre. 

2. El niño debe de dormir del "tirón" a partir de los 6 meses de vida.  El patrón de sueño de los bebés hasta los 2-3 años es distinto al del adulto.  El sueño del adulto consta de 4 fases diferenciadas:

    Cuando empezamos a dormir, notamos que nuestros músculos se relajan, se nos caen los párpados, pero el sueño es muy superficial (fase 1). En este momento, se mantiene la alerta parcialmente, de tal forma que si nos llaman, responderemos y nos despertaremos. 
Pero si continuamos, el sueño se hará cada vez más profundo (fase 2). En esta fase estamos completamente relajados, y nuestra audición está cerrada. Necesitamos que nos hablen fuerte para reaccionar. 
    Posteriormente, el sueño se profundiza más y más, entrando en las fases 3 y 4. En ellas, perdemos la capacidad de respuesta a los estímulos táctiles y auditivos, necesitando un gran estruendo o un zarandeo para despertarnos.
    Si no sucede nada de esto, entraríamos a continuación en la fase REM (Rapid Eye Movement), en la que nuestros músculos están prácticamente paralizados, pero nuestra mente está muy activa. Es la fase de los sueños. Si nos despiertan en este momento, podemos estar unos segundos sin ser capaces de movernos.

    Todo esto es un ciclo de sueño, de unos 90-120 minutos de duración en el adulto. Al terminar cada ciclo, tenemos pequeños despertares (unos 6-10 cada noche), muchos de ellos inconscientes, los microdespertares.





Y éste, más o menos, es el patrón normal de una noche :D



    Cuando un bebé humano nace, es un ser indefenso, pequeñín, que sólo come o duerme. De hecho, las estadísticas afirman que duerme entre 14-20 horas al día. Tiene unas necesidades muy precisas, que son:
- Alimentarse frecuentemente: para evitar las hipoglucemias. La alimentación debe ser a demanda.
- Mantener la alerta de un cuidador, ya que no saben cuidarse por sí mismos. ¿Cómo lo consiguen? Con el llanto. Ese llanto del recién nacido que pone nerviosos a todos si es continuado, seamos padres o no. Al llorar provocan que el "cuidador" le coja en brazos, para que se calme, y así queda protegido de los agentes externos y se asegura la alimentación frecuente. De ahí viene la frase "Quien no llora, no mama". Para mantener alerta al cuidador, también necesita alternar breves episodios de vigilia con otros de sueño.
- Desarrollar la mente. Para ello, lo más importante son los estímulos externos. ¿De dónde vienen, si duerme todo el día? pues de su estilo de sueño, que es un sueño con escasas fases de sueño profundo (3 y 4) para poder despertarse ante nuevos estímulos, y con un gran porcentaje de fase REM, en las que duerme pero su cerebro está más activo.
    Así, se puede decir que el sueño de un bebé tiene dos fases (REM y no-REM), de 50-60 minutos de duración, pare evitar el sueño excesivamente profundo que le impida despertarse ante algún peligro; tiene mayor porcentaje de sueño REM, para así integrar mejor los aprendizajes, y, finalmente, inicia el sueño directamente en fase REM. 

    Estas fases del sueño van cambiando a medida que el niño crece, de tal manera, que la mayoría de los niños, a los 3 años de edad ya no necesitan la siesta, y su patrón de sueño es como el del adulto. Por supuesto, hay variaciones individuales.

    Con todo esto, quiero decir, que obviamente, aunque con el "Método Estivill" los niños "parece que duermen del tirón", no es cierto. Se siguen despertando, lo que ocurre que "aprenden" a no demandar la atención de los padres, sintiéndose indefensos.
    Ahora sí, os dejo el enlace del post de Ibone Olza: 




    En cuanto a la iniciativa Día Mundial del Sueño Feliz, os dejo unos enlaces de información para que os unáis, con el hashtag #desmontandoaEstivill


    Y estos sobre el tema del sueño.

    Animaos y uníos.


miércoles, 15 de febrero de 2012

Lactancia materna prolongada

Mi niña ha crecido. Ha crecido tanto y tan rápido, que no me he dado cuenta. Tiene ya 5 años, se han caído sus primeros dientes de leche y ya sabe leer todo lo que encuentra por las esquinas. Y yo he crecido con ella. 
Cuando nació nadie me explicó el sentimiento del apego. Para mí fue tan fuerte e intenso, que se tambalearon todos los cimientos en los que se habían basado mis creencias. Me sentía incapaz de separarme de ella, tan pequeña, tan débil e indefensa. Ella sólo buscaba a su madre y su madre sólo la buscaba a ella. ¡Qué relación tan profunda! Dormíamos todos juntos en la cama, la llevaba como mamá canguro a todas partes (congresos incluidos), comía con ella, e incluso me bañaba con ella. Y le daba teta. 
Y sigo dándole teta. Y ella y yo somos tan felices en ese pequeño y único momento del día, que tengo muy claro que el destete ocurrirá cuando ella lo deseé. 

Hay mucho tabú sobre la lactancia materna prolongada. Hay algunos estudios que explican que el fin de la lactancia en el humano se coloca entre los 3 y los 7 años si los dejamos mamar de manera natural a demanda. Esta edad coincide con la aparición de la dentición definitiva y la maduración del sistema inmunitario.

Os transcribo un texto al respecto:
 
Cada cultura tiene al respecto sus propias costumbres, aunque desde luego ninguna desteta tan pronto como la cultura occidental del siglo XX. La antropóloga norteamericana Katherine Dettwyler (1) ha abordado la cuestión desde la zoología comparada, extrapolando una hipotética edad del destete en el ser humano a partir de los datos referentes a otros primates, a partir de varios parámetros que se correlacionan de forma más o menos exacta con la lactancia:

a) Según el peso al nacer.
Suele decirse que los mamíferos se destetan cuando han triplicado su peso al nacer. Esto sólo es válido para los animales pequeños; los animales de tamaño parecido al nuestro se destetan tras cuadruplicar el peso al nacer, lo que sería aproximadamente a los dos años y medio.

b) Según el peso del adulto.
Muchos mamíferos se destetan al alcanzar aproximadamente la tercera parte de su peso adulto. Como en nuestra especie el varón adulto es más grande, ello representaría un destete más tardío: los niños hacia los siete años (al alcanzar los 23 kg.), y las niñas poco antes de los seis años (con 19 kg.).

c) Según el peso de la madre.
Los investigadores Harvey y Clutton-Brock encontraron que, en un gran número de primates, la edad del destete en días es igual al peso de la hembra adulta en gramos multiplicado por 2,71. Aplicando esta fórmula a una madre de 55 kilos, correspondería destetar a los tres años y cuatro meses.

d) Según la duración de la gestación.
La relación entre la duración de la lactancia y la duración de la gestación es muy variable entre los primates, pero parece depender del tamaño de los individuos. En los monos pequeños, dicha relación suele ser inferior a dos; pero entre nuestros parientes más cercanos (en parentesco y tamaño), la relación es de 6,4 para el chimpancé y de 6,18 para el gorila. Si asumimos que para el ser humano dicha relación ha de ser también superior a 6, el resultado es un mínimo de cuatro años y medio de lactancia.

e) Según la dentición.
El destete suele producirse en muchos primates cerca de la erupción del primer
molar permanente, lo que correspondería a los 6 años en el ser humano.

Como conclusión, Dettwyler supone que la edad normal del destete en el ser humano debe estar en algún punto entre los dos años y medio y los siete.

Carlos González

Fuente: [Lactared] Apoyo a las Madres que Siguen Dando Pecho Después del Año, gracias a M. Angels Claramunt Armengau.